Sospechas de dados cargados planean incesantemente sobre éste nuestro amado mundo de la formula d. Sospechas susurradas en oídos inquietos hablan de la implicación de las triadas y una red de apuestas ilegales que mueve mucho pero mucho dinero y exige resultados, y no se pararán ante nada ni nadie para cumplir sus oscuros y ocultos objetivos: que el pobre y adorable ser de amplia perola se la peine (lo cual en si mismo no deja de ser una curiosa imposibilidad física dada la carencia de pelo del susodicho cabezón).
¿Realidad? ¿Simples rumores malintencionados? Eso queda a la conciencia de cada uno, pero lo que es una realidad incontrovertible es que a cierto oso (cuya identidad no especificaremos aquí por temor a las represalias de las triadas) se le ha visto en repetidas ocasiones comiendo en sórdidos restaurantes chinos en las últimas semanas.
En el paddock del señor Bonk, gran piloto y mejor persona, además de individuo de gran atractivo y magnetismo personal, no comentan estos temas abiertamente, pero no dudan en confirmar todo lo aquí expuesto off the record. Al parecer la corrupción llega hasta las más altas esferas dentro del equipo. Un asustado mecánico nos comentaba con vocecilla entrecortada tras prometerle una y mil veces que su nombre no sería mencionado en este riguroso artículo de investigación: ""El coche del Oso tiene funcionando un tunel de viento las veinticuatro horas del día, trabajando exclusivamente en mejorar la aerodinámica de sus dados, ejem, quiero decir, de su coche. Cuando el noble señor Bonk se enteró de esta infame circunstancia la semana pasada, fue a hablar con el jefe de ingenieros del equipo para pedirle un trato similar. El jefe le dijo: "Ah, ¿Quieres usar el tunel de viento? Claro, claro, eso está hecho. Hala, aquí tienes, tunel de viento para tí solito." ...Y le dio un secador de pelo."
Poco más queda que decir ante semejante ignominia. Este justo y honorable reportero ha preguntado a otros pilotos acerca de este asunto, y ha comprobado que existe mucho miedo dentro de los paddocks. Nadie se atreve a levantar la voz abiertamente, pero una vez apagas la grabadora todos confirman lo aquí expuesto.
"Sí, yo me atreví a ponerme el primero en la última carrera y de repente, al entrar en boxes, un chino chiquitino se acercó a mi coche y le hizo algo. Lo siguiente que recuerdo es una espantosa explosión en el motor y una bola de pelo adelantándome en su bólido con una escalofriante carcajada. Nunca mas me atreveré a ocupar el primer puesto en una carrera, nunca." Nos confesaba una llorosa princesita enfundada en un coqueto mono-vestidito rosa.
"Yo tengo mucho cuidado de dejarme siempre adelantar en la última curva por ese maldito oso. Tengo muy claro lo que me pasará si no me aparto y le dejo ganar. Tres abandonos en extrañas circunstancias hicieron falta para convencerme del poder de esos malditos chinos chiquitinos. En el último encontramos la cabeza cortada de un rollito de primavera dentro de mi casco. Sentí un escalofrío en la espina dorsal y me dije a mí misma: no merece la pena. Prefiero quedar siempre segunda y seguir viviendo. Tengo una carrera musical aparte del mundo de las carreras, eso me consuela." Fueron las desgarradoras palabras de una muchacha con sombrero y micrófono.
El resto de pilotos relatan experiencias similares. Están asustados. Tienen miedo. Y con razón, debo añadir. Desde que empecé a investigar este turbio asunto he sentido miradas aguijoneando mi nuca, amenazas susurradas y ahora llamadas amenazadoras y anónimas para que lo deje. O al menos creo que es para que lo deje, no podria decirlo seguro.
Porque no entiendo el chino en el que están hechas esas llamadas.